Crónica 3º Enduro Indoor Arquillos “El Cumpleaños endurero” – Por Gonzalo Rubio

Hace unos meses llegó a mí el cartel del 3º Enduro Indoor de Arquillos, organizado por el motoclub enduro del weno. Tan sólo el nombre ya invita al buen rollo, pero lo que más me llamó la atención al verlo fue sin duda alguna la fecha del evento. 12 de abril. Mis ojos se abrieron como platos. No lo dudé ni un segundo. Mi decimoctavo cumpleaños lo quería celebrar allí, haciendo lo que más me gusta. Además sería una experiencia nueva para mí, nunca había probado un circuito así, con sus curvas, sus saltos, sus obstáculos… Las pruebas en las que había participado hasta ayer domingo se pueden contar con los dedos de una mano, y os las puedo contar a vosotros que bien orgulloso que estoy. Son, en orden cronológico: Ruta Guarromán 2012, Resistencia Jaén 2013 (flipante la cantidad de barro), Enduro Comprimido Ocaña 2014. Y ayer, con 18 años estrenados: Enduro Indoor Arquillos 2015.

Sábado 11 de Abril, 16:00 pm, comienzan los nervios, en una escala del 1 al 10, son un 1. Empiezo a darle vueltas a la idea de que tengo que ir preparando las cosas. Fácil, vamos a lavar la moto que la primera impresión cuenta mucho (fallo nº1 de unos cuantos que cometo por no hacer caso a Rafa… Joder, las veces que me he acordado de él y de sus lecciones. Uno las lee en su casa y se ríe, pero qué razón lleva, habla la voz de la experiencia).


Moto impoluta en casa, vamos a limpiar el filtro, con amor, con delicadeza, debajo del grifo y agua caliente… Amasándolo, estrujándolo con mimo, que escurra bien, que se quede como nuevo.
Es importante darle cariño a cada pieza de tu moto, tantas horas juntos, esa conexión que tenemos con ellas se nota cuando uno le da mimos.
Bien, filtro secando, me dispongo a preparar el macuto. ¡Qué satisfecho estoy!, me ha cabido todo a la primera y perfectamente, alucinante, esto es una señal para la carrera. Voy mentalizándome, a tope.

Van pasando las horas de la tarde, el nivel de nervios se sitúa ya en el 3 de esta improvisada escala deRitcher.Todo listo, las 7 de la tarde y todo listo. Que crack, seguro que muchos de los que van mañana preparan las cosas al levantarse… No están tan mentalizados como yo. Ya les llevo ventaja a unos cuantos. Vamos bien.

Entre unas cosas y otras llega la hora de la cena, de ver una película y descansar. Mañana el despertador suena a las 6:30, pero con lo que no contaba son con los nervios de novato… Hay alerta, han subido drásticamente al nivel 7. El nivel suficiente como para no dejarme dormir. Cierro los ojos y veo cada uno de los obstáculos que he podido otear en las fotos de Facebook y en vídeos de otros años. En mi mente ya voy eligiendo trazadas, es como una enfermedad, visualizo a la 125 volando aquí y allá, pasando por encima de los troncos como si nada. De golpe, una perturbación recorre mi cuerpo de arriba abajo. No he engrasado la cadena… Mal, muy mal, primer fallo. Y estos malditos nervios de novato entre las sábanas. Estaba claro, me levanto y bajo a engrasar la cadena. La 1 de la mañana y yo engrasando la cadena, a quién se le ocurre. Me subo decidido a dormir y por fin lo consigo.

Parece que me han sentado muy bien estas horitas de descanso, los nervios han disminuido a niveles controlables otra vez. 6:55 am del Domingo 12 de Abril. Saco moto y macutos a la calle. Hoy me hacen un favor del que estaré siempre muy agradecido: Ángel Rubio (alias “El Pri”) se pasa a recogerme para llevarme a la carrera. Estoy en su misma categoría así que podría considerarlo como enemigo desde el primer momento en el que dobló la esquina de mi calle. Nada de eso, desde ayer es más que amigo, gracias a él he pasado un cumpleaños inolvidable. Metemos todo dentro del “papa móvil”, una furgoneta Mercedes con alguna que otra modificación, y alguna toma de aire de más, pero cojonuda. Me subo a ella con respeto, lleva encima muchas más carreras que yo, todo un honor poder decir: yo fui a correr en el papa móvil.

El camino es agradable, cuando hablas con alguien que tiene experiencia en lo que te gusta es un placer, y encima es majo, y se apellida como yo. Lleva una Sherco… Sólo los valientes llevan Sherco. Él es uno de ellos y hace que la hora y poco de viaje se haga amena, muy amena. Batallita por aquí, batallita por allí… Yo sólo llevo 2 años montando en moto pero tengo algunas buenas. De verdad, no sabéis lo que me llega a gustar esto.

Llegamos al pueblo, un poco perdidos. Preguntamos a un señor mayor que amablemente nos da unas indicaciones para llegar al circuito que muy poco tenían que ver con las reales, pero se le agradece el trato. El hombre lo intentó. No pasa nada, una llamadita y solucionado.
Aparcamos al lado de una pick-up que lleva una husqvarna de las nuevecitas, de las que da gustirrinín quedarse mirándolas unos segundos. Pero ahí está mi naranjita… Por mucho que mire a otras ella sabe que la quiero con locura, como ya he dicho, tenemos una conexión muy especial.

Nos bajamos, y Ángel, que es un tipo muy social sobretodo en esto del mundo del enduro empieza a saludar y presentarme gente. Lo siento, de verdad que lo siento pero me perdí en un mar de nombres y caras. Me llama la atención que no tardan más de 2 minutos de reloj en decrile: “A ver cuando bajas por aquí a montar”, la de veces que le pudieron decir esa frase. Él mismo me confesó en el viaje de vuelta que tiene muchos cortes abiertos.
Haciendo unos cálculos precarios creo que si decidiera cumplir con todos los que le ofrecen una ruta podría estar montando cada fin de semana de aquí a 2020. Es un tío genial.

Vamos de saludo en saludo a inscribirnos, llegamos lo primeros. A él le dan el número 1. Normal, él sabe de qué va esto. El propio Rafa lo dice, los números bajos son para los buenos. Mi turno… Relleno la hoja y pregunto: “¿Se puede elegir dorsal?, si se puede quiero el 18 por favor.” Lo sé, otro fallo de los consejos de El Piloto, pero este era necesario. El 18 es número genial para mí, y que mejor día para llevarlo que el de mi decimoctavo cumpleaños (lo repito porque es importante).

Gustoso lo pego en la careta de mi ktm. Antes de irme la miro, ella me mira, nos miramos. Hay complicidad, esto va bien…

Pasan los minutos y llegan 2 compañeros de Ángel que yo conocía un poco de antes. Pichón y Jose, conocidos al principio acabarán siendo amigos al final. Esto del enduro une un huevo. Llegan un poco tarde, nosotros estábamos ya casi listos, pero ellos se lo toman con calma, saben perfectamente cómo funciona esto. Nos vestimos y vamos en las motos a tomar un café con ellos, que todavía no están preparados. Cuando se termina el café oímos motos, muchas motos. Ayer había más de 100 motos, como me gusta ver a tanta gente disfrutando.

Ese sonido indica que se ha abierto el circuito para la vuelta de reconocimiento… Llego bastante justo. Doy una vuelta al circuito, tranquilo, despacio, fijándome en cada centímetro. El sábado llovió y el terreno está de lujo. Todo es prácticamente como lo había visualizado la noche de antes, al ir despacio me limito a observar y planificar mi estrategia. Aquí puedo saltar y me ahorro mucho tiempo, aquí a tope, eso se pasa con un golpe de gas. Y las piedras, la bañera de piedras, ese es mi fuerte. En mi zona estamos hartos de tanta piedra… Los días de ruta desayuno piedras. Está claro que ahí paso a unos cuantos.

Termino mi vuelta de reconocimiento, recuerdo que sólo he dado una. Tampoco he hecho reconocimiento del circuito a pie. Eso es de novatos. Y yo lo soy más que nadie, pero hay que hacerle caso a quien ya sabéis. La experiencia de los que saben.

Primero salen los pro, me fijo muy bien en la salida y en su manera de pasar los obstáculos, En una pasada por los troncos por un momento me pareció ver al propio Taddy Blazusiak. Qué manera de volar por el circuito. Así tengo que ir yo, enchufadísimo.

Llegó mi hora… Las 10 y poco, llaman a la salida la categoría Semipro. Vamos Ángel y yo y nos colocamos. Me pongo a su lado, es salida tipo cross, todos paralelos. Me pongo a su lado para aprender porque jamás he salido de esa forma. La verdad, jamás he pisado un circuito de ese tipo. Los nervios saltan de golpe del 1 al 10, joder, se me ha quedado corta la escala y eso que es una carrera normal y corriente, nada del otro mundo.
Pulsaciones altas, sincronizadas con cada subida y bajada del pistón de la moto (vuelvo a insistir que tenemos un vínculo muy especial). Una gota de sudor cae por la frente, me tiembla todo. Yo solo pienso: “que no se te note que eres novato, que no se te note Gonzalo, ahora sales, le das a tope y los dejas con la boca abierta”.

Embrague cogido y medio puño. Alzan la bandera y… BRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAP. Madre mía en la vida había estrujado así la moto, que potencia, que gusto da, la velocidad recorre cada poro de tu piel impregnándolos de adrenalina. Esto es mágico.

Encaro la primera curva de los últimos, paso el tronco bien, paso las ruedas bien, paso el salto bien y llegan las curvas, me adelantan unos pocos. Más troncos, más ruedas, de sobra las paso, esto es lo mío. Hasta que llegan las curvas. Algo va mal, mis pulsaciones se han des sincronizado, estoy demasiado nervioso y es por algo fundamental: No tengo ni idea de tomar curvas, cualquiera con una mínima idea de cómo hacerlo me adelanta.

Vamos Gonzalo te has visto miles de vídeos, has visto tutoriales. Hazlo como ellos. Ni idea. Ni idea de cómo colocarme, de cómo entrar, de donde abrir gas, de coger la poca rodera que habían hecho los pro. Nada de nada. Eso ha sido un golpe moral… se me escapa gente que pasa los obstáculos sentado, crosseros que han venido aquí a echar el rato. Eso escuece en mi yo competitivo. Pasa el tiempo y hay una idea que no sale de mi cabeza: tienes que entrenar curvas, tienes que entrenar curvas, tienes que entrenar curvas!!!.

 

 

Las piedras. Bien, piedras. Por fin, piedras. Os quiero. Esto es lo mío, aquí lo bordo. Hay 2 atascados. 2 puestos que son míos pienso mientras me acerco. Y una vez las piso, al suelo. ¿Qué narices me está pasando? ¿Qué es esto? ¿Quién eres tú y que has hecho con Gonzalo? Me levanto y me escurro al ponerme de pie. Ahora lo entiendo todo… Algún malhechor se ha dedicado a pulir las piedras con barro. Lo sé, lo han hecho aposta, con premeditación. Que cabrones, me han fastidiado mi zona.
Ahora sí que sí, no me queda nada que hacer. Voy penúltimo porque he tardado en levantarme y arrancar, me tomo las vueltas que quedan con tranquilidad, ya que estamos aquí vamos a disfrutar y a ver si puedo buscar una buena trazada para las curvas.

Así y con otra caída en esas malditas piedras de jabón se acaba la manga. Estoy contento, he disfrutado pese a todo. Me he dado a mí mismo una lección de humildad y realidad. Cambio la mentalidad al modo disfrute. Es la primera vez que estoy en un circuito así y hay público. La última vuelta la doy solo, un chaval que iba detrás de mí se ha retirado. Decido volar en el salto de meta como nunca lo había hecho. Joder, en mi cabeza he parecido el mismísimo Pastrana, hasta he acelerado a tope en el aire.

Creo que me miraron 4 personas. Pero yo me motivé para la siguiente manga.

Pasa el tiempo viendo a otros correr y vuelve a sonar el dorsal nº18 por megafonía. Esta vez me pongo al lado de Pichón y Jose (es la repesca de Semipro y Ángel ya estaba clasificado para la final). Tras unas cuantas confesiones que solo se dicen en la línea de meta… Mismo procedimiento. Gas a fondo, como nunca.

Mismo procedimiento y mismo resultado. Entro de los últimos en la primera curva. La verdad es que en muchos deportes soy súper competitivo, me encanta ganar. Pero cuando me subo a la moto soy un ser pacífico, no me voy a chocar con nadie por hacerme por un hueco. Quiero disfrutar, quiero ir a gusto conmigo mismo, quiero estar satisfecho con mi conducción, y orgulloso de ello. Por lo que allí vi, soy un espécimen en extinción. Ahora voy mucho más rápido… Ese cambio de mentalidad me ha venido genial, de verdad que voy enchufadísimo, las curvas las paso a mi manera, pero rápido. Salto en cualquier lugar que puedo evitando zanjas y cortados, las piedras se han secado. Esto sí que es lo mío, las paso de pie, confiado, por donde sea, cada vuelta por una trazada diferente. Si ya os lo he dicho, que yo desayuno piedras. Me siento el más pro de los pro.

Acaban las vueltas y no me he clasificado para la final. Qué más da. Me lo he pasado genial, me he sorprendido a mí mismo con el ritmo que llevaba y con cómo lo he mantenido. Parecía un avión en los saltos. Incluso he regalado una instantánea a un fotógrafo en el salto más chungo, con una salvada de esas que piensas: “No me he matado aquí porque se han alineado los astros, espero que haya sacado la foto.” Que feliz estoy, que sensación. Debo tener los niveles de adrenalina por las nubes, imposible ocultar mi sonrisa; hoy es dieciocho veces más grande de lo normal.

 

 

Crónica por Gonzalo Rubio – EDB