Crónica Enduro Benéfico “Una Pierna Para Luis” (Por Gonzalo Rubio)

Aquí estoy, medio año después, delante del ordenador,  escribiendo otra vez sobre el Enduro Indoor de Arquillos. Pero esta vez es especial, ahora escribo desde otra perspectiva, una perspectiva desde la que la palabra que más vais a leer es la de GRACIAS.

Cosas de la vida, hace seis meses celebré mi cumpleaños corriendo en el mismo circuito en el que este 25 de octubre gané. Y no, no he ganado ningún premio, no he quedado primero en ninguna categoría. El 25 de octubre gané amigos, gané satisfacción y gracias a todos vosotros Luis está mucho más cerca de ganarle una batalla a la vida.

 

 

Esta vez Arquillos acogía el Enduro indoor benéfico “Una pierna para Luis”. Todo empezó en agosto cuando llamé a Antonio… Veréis, yo a Antonio (Karpin para los amigos) sólo lo conozco  de saludarlo cuando fui a Arquillos en abril a correr una prueba que él, junto a su motoclub, habían organizado. Me acerqué y le felicité porque gracias a ellos pude celebrar mi cumpleaños haciendo lo que más me gusta: montar en moto.  A lo que iba, desde el primer minuto en el que le llamé y le propuse organizar una prueba benéfica para ayudar a mi amigo Luis me dijo que sí. Sin dudarlo, solo sí, sí y sí. No fue un a lo mejor, no fue un tal vez, fue un sí rotundo.

Inocente de mí, yo no sabía en el fregado que me metía y tampoco era consciente de todo lo que le haría trabajar al pobre Antonio. Después de mucho, mucho, pero mucho esfuerzo, mucho trabajo, muchas llamadas, mucho incordiar, mucho pedir, mucho hablar… Parece que todo iba hacia delante. He perdido la cuenta de las veces que le he dicho gracias, pero gracias otra vez Karpin. Es por él por lo que esto ha sido posible.

Los días pasaban, la fecha, 25 de octubre, se acercaba e íbamos ultimando detalles. Llega el sábado 24 y cojo el coche dirección Arquillos. Llego allí y Antonio y su gente ya estaban en el circuito. Me cuentan que desde el lunes viven allí, comen allí y no duermen porque no les dejan pero la idea se planteó varias veces.  Nos pasamos el día entero en el circuito, cortando cañas, clavando cañas, encintando, sacando agua, probando y construyendo algunos obstáculos…  Dejando todo listo para el gran día.

Cayó la noche y nos fuimos. Karpin me acogió en su casa donde seguimos ultimando detalles. Papeles para las inscripciones, dorsales, un improvisado cartel para dar la salida… Pero lo más importante de la estancia en su casa es que conocí a su mujer. ¿Sabéis aquello que dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer?. Pues bien, él  es sin duda un gran hombre y me lo ha demostrado a base de bien. Pero para su mujer no hay palabras. Os prometo que la persona que más curró el domingo fue ella, y menos mal. Me salvó, salvó la mañana gracias a su paciencia, a su perseverancia y a su sacrificio. Llevó el peso de las inscripciones, llevó el orden de las mangas, hizo las cuentas de los puntos de cada piloto, sirvió comida cuando se necesitaba… Y todo lo que hizo lo hizo perfecto.

Llegan las 6:30 del domingo. Nos levantamos Karpin y yo. Un café y para el circuito. Dejamos todo listo y empiezan a llegar los pilotos. No os podéis imaginar lo nervioso que estaba. Todos los del motoclub “Enduro Der Weno” ya  habían ayudado a organizar otras tres pruebas, pero esta era mi primera vez y no podía controlar esos nervios. Me decían “esto es así no te preocupes” pero a mí me temblaba todo. Con la ayuda de la mujer de Antonio, Luismi el cocinero y el speaker fuimos apuntando a todos los pilotos. De no ser por ellos habría sido un desastre, pero ahí estaban ayudándome.

Una vez todo listo empezamos con las mangas. Mi trabajo consistía en apuntar los dorsales que iban pasando por meta. Los endureros humildes que organizamos pruebas para los demás endureros humildes no tenemos transponders, no tenemos sistemas electrónicos que cuenten vueltas y saquen tiempos. Lo hacemos a mano, un boli, un papel y otros dos compañeros que me iban diciendo números mientras yo apuntaba. Nosotros tres desayunamos, almorzamos y comimos polvo. Conforme avanzaba la mañana más y más polvo. Cada piloto que pasaba era una nube de polvo más que nos envolvía, nos acariciaba y se nos incrustaba. Cada poro de nuestra piel rebosaba polvo, pasabas el dedo y no se iba porque ya formaba parte de nosotros. El polvo y nosotros éramos uno. Y así nos pasamos la mañana. Corriendo a la mesa para dejar un papel y coger otro. Contando vueltas y apuntando dorsales. Entre medias di alguna que otra salida. Me crucé un par de veces con Karpin, que iba de un lado para otro organizando pilotos y gente. Cuando llegaba a la mesa a dejar el papel siempre estaban Luismi y la mujer de Antonio haciendo cuentas y despachando pilotos.

 

 

No me enteré de nada. De nada. Tenía tantas cosas en la cabeza que no me dio tiempo a ver  las mangas, no me dio tiempo a atender a Luis, no me dio tiempo a disfrutar. Mientras apuntaba estaba pensando en cómo íbamos a repartir la comida, en cuándo íbamos a hacer el sorteo, en que nadie se hiciese daño en los obstáculos… Esa fue mi mañana. Tan sólo tengo el recuerdo de un adelantamiento espectacular del ganador de Pro que nos dejó a los 3 que estábamos en meta contando vueltas con la boca abierta. Alucinante la manera de aprovechar un peralte. Nos dio una masterclass de adelantamientos. Un adelantamiento que se desvaneció, como no, en otra rica nube de polvo.

 

Me quedan mil cosas en la mente que podría decir… Pero me las guardo para mí, porque son especiales y por mucho que escriba creo que solo las pueden entender los que alguna vez han organizado una prueba de estas características. Sólo voy a añadir dos cosas más:

1.- Jamás volveré a ir a una carrera de la misma manera. Los que de verdad se deberían llevar un premio son los valientes que se atreven a organizarlas. De verdad que sois la ostia. Nos hacéis disfrutar y aguantáis lo que no está escrito.

2.- Gracias, gracias, y otra vez gracias a Antonio, a su mujer,  a Luismi, al speaker, a Pelaez, a Borru, a todos los colaboradores, a todos los pilotos, al ayuntamiento  y el pueblo de Arquillos. y como no, una mención muy especial a los de mi grupo, a todos los AntirpoX que en ese domingo me ayudaron incondicionalmente, sin ninguna queja, y dando lo mejor de cada uno, porque sin ellos esto tampoco habría salido todo lo bien que salió y porque me han demostrado que puedo contar con ellos para lo que sea. Sois increíbles.

 

 

Crónica Por Gonzalo Rubio Romano